Comprar alimentos en tiendas de proximidad es apostar por la salud

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Saber el origen de aquello que estamos comiendo, cómo se ha cultivado y en qué época del año, es una tendencia al alza entre aquel consumidor exigente y concienciado que ha hecho suyo el dicho “somos lo que comemos”. La evidencia que comer productos de temporada no sólo repercute en nuestra salud sino que favorece la sostenibilidad y preserva el entorno rural del país ha hecho que cada vez más la población quiera saber qué come y apueste por consumir producto fresco y de proximidad. Pero todavía hay mucho trabajo por hacer. El ritmo de vida diario –con falta de tiempo para ir a comprar y entrar en la cocina–, los impactos publicitarios y el fácil acceso a los lineales de los supermercados a una alimentación de poca calidad y barata durante todos los meses del año, hace que comer saludable sea una asignatura que mejorar. Catalunya es un país que come bien pero que podría comer mejor y, por lo tanto, hace falta mucha pedagogía. Una manera de hacerla es acercando el entorno urbano al mundo rural. El sector primario tiene que esforzarse en seducir a la población, enseñarle su producto de calidad y todo el trabajo que hay detrás. Por su parte el entorno de ciudad tiene que interiorizar que el payés es indispensable si queremos asegurarnos una dieta saludable. Sólo de esta manera cohesionaremos el territorio y garantizaremos el abastecimiento alimenticio en un futuro.

Esta es una de las principales conclusiones del debate sobre hábitos alimentarios y producto de proximidad celebrado esta semana en el hotel Alma de Barcelona, en el marco del ciclo Els Miradors de Catalunya organizado por La Vanguardia en colaboración con la Generalitat. Los ponentes que participaron fueron: Teresa Jordà, consellera de Agricultura, Ramaderia, Pesca i Alimentació; Josep Sucarrats, director de la revista Cuina; Marc Riera, director ejecutivo de la Fundació del Món Rural; Ada Parellada, cocinera y propietaria del restaurante Semproniana; Núria Coll, directora de la revista Ets el que menges y el Cómo Como Festival y Ramon Sentmartí, director gerente de Prodeca, productora de exportaciones agroalimentarias.

No hay una unanimidad clara sobre si nuestros abuelos y padres comían mejor que nosotros. Para Ada Parellada “hoy comemos más variado, más seguro y más barato” pero para Josep Sucarrats el gran reto de futuro es saber “cómo comeremos todos de todo y de calidad”. La industrialización ha provocado que hoy tengamos grandes producciones pero la calidad, en muchos casos, es cuestionable. Por eso hace falta apostar por el producto de payés y proteger al sector primario. La consellera Teresa Jordà lamenta que a su departamento no se le dé la importancia que merece y reclama más atención y presupuesto. “No puede ser que el sector agroalimentario de este país, que representa casi un 19% del PIB catalán sea el último de la cola”. Y para ejemplarizarlo explica con cierta ironía la anécdota que el día que accedió al cargo, los escoltas y chóferes se referían a su departamento como “govern 12”. Teniendo en cuenta que hay 12 carteras en el Govern, la suya claramente es la última de la fila. “No podemos hablar de alimentación y cohesión territorial con un presupuesto de 350 millones de euros”, añade y aprovecha para poner en valor la industria agroalimentaria. “Tenemos más de seis mil empresas en el país que exportan más de 10 millones de euros y, después del sector de la automoción y del químico, somos los más importantes”, afirma. Precisamente una de las acciones que celebra el departamento es haber puesto en marcha la iniciativa “ Benvinguts a pagès” para dar la oportunidad al mundo urbano de conocer el origen de aquello que comemos y conocer a las personas que trabajan detrás. Entre un payés y un ciudadano puede haber una distancia física de unos pocos centenares de kilómetros pero el mercado y los intermediarios hacen que el productor y el consumidor, en muchos casos, nunca lleguen a estar en contacto.

Si históricamente somos una sociedad que siempre hemos consumido productos de proximidad y además somos un país productor de tomates y fresas, ¿por qué estamos consumiendo tomates y fresas de otros países?. Ramon Sentmartí lo atribuye, en parte, al consumidor que se mueve por criterios de precio. “Si aquél que produce a mil kilómetros lo hace con unas condiciones más económicas y el consumidor se rige sólo por el factor precio, puede pasar de que nos lleguen de otros lugares del mundo productos que tradicionalmente hacíamos aquí”. Pero no siempre se trata de una cuestión de mirarse el bolsillo. Marc Riera explica que “Catalunya no es autosuficiente y necesitamos importar materias primas, no tanto por falta de variedad sino de volumen. Es el caso de los cereales, que son necesarios para alimentar al ganado y que nuestros campos no pueden producir en suficiente cantidad”, apunta. Otras veces es por qué directamente no producimos un determinado producto, como es el caso del cacao o el café. En cualquier caso “necesitamos importar mucho para poder exportar mucho”, afirma Riera, y pide que “cuando hablamos de soberanía alimentaria no lo hagamos entendiendo que somos autosuficientes sino que lo tenemos que interpretar como el derecho a poder decidir qué modelo agroalimentario queremos”.

El reto

Facilitar el acceso al mundo rural de la gente que no viene del sector pero quiere hacerlo una opción de vida

Somos una sociedad que se ha acostumbrado a comer de todo durante todo el año pero hay que volver a priorizar el producto de temporada en nuestras comidas. Como consumidores tendríamos que valorar el hecho de que estos productos que nos llegan desde la otra punta de mundo han sido recolectados en un momento en que no les tocaba, han sido almacenados y conservados para que nos lleguen en un cierto buen estado y lo más importante de todo pero que casi siempre pasamos por alto: son alimentos que quizás han hecho un trayecto de cinco mil kilómetros con el daño medioambiental que conlleva. Para los expertos, hay que concienciar a la gente que cuidar lo qué comemos es cuidar el país. Querer y poner en valor aquello que ha sido criado y cultivado al lado de casa y aceptar que quizás es un poco más caro que otros productos elaborados industrialmente, es indispensable si queremos llevar una dieta saludable. “Gastarnos dinero en la comida tiene que ser una prioridad y tenemos que explicar a los hijos que en comer bien nos va la salud”, afirma Núria Coll. Para la directora de la revista Ets el que menges, “el problema es que la comida mala es demasiado barata” y pide que, si las necesidades esenciales están cubiertas “las familias prioricen que la comida sea más importante que los viajes o el coche”. En ese sentido para Ada Parellada es necesario que “comencemos a combatir el prestigio de la abundancia y que la gente entienda que lo más caro es la comida que tiramos en la basura”.

Los medios de comunicación

Disponer de una información clara ayudará a los ciudadanos a ser críticos con aquello que compran y comen

Contrariamente a lo que pueda parecer, apostar por una dieta saludable es más una cuestión cultural que no económica. “No es en los barrios más ricos, ni en los pueblos más ricos, ni en las familias más ricas donde hay más conciencia de comer sano”, explica Núria Coll, y reclama que se deje de relacionar la falta de información con los estratos más bajos de la sociedad. El acceso a la información clara y veraz es imprescindible. Hoy día con internet y la proliferación de páginas web dedicadas a la alimentación saludable hay una cierta sensación de empacho y “de ir despistados porque tenemos demasiados inputs y mensajes”, lamenta Marc Riera. Para el responsable de la Fundación del Món Rural, “ cuanta más información tengamos y más sólida sea, menos despistados iremos y tendremos más capacidad para ser ciudadanos críticos”. En este punto los expertos piden un compromiso por parte de los medios de comunicación que según la consellera Teresa Jordà “no ayudan lo suficiente y son básicos para entrar en las familias que, más allá de la escuela, son las que tienen que educar en comer bien”. Ada Parellada sugiere que las series de televisión envíen mensajes en ese sentido. “Gracias a las series norteamericanas hemos aprendido a comer cereales, porque los protagonistas nunca salen de casa sin desayunar sentados en una mesa y en cambio nosotros éramos un país que a duras penas desayunaba”. La idea de que los medios generalistas muestran un cierto escepticismo hacia los profesionales que se dedican a la alimentación saludable es otra de las ideas que surgen para explicar la poca cultura que todavía hay en torno a la necesidad de comer sano y el poco interés en su difusión. El responsable de Prodeca, Ramon Sentmartí se muestra un poco más optimista recordando que “cuando vamos por el mundo la gente se mira en nosotros, en nuestra dieta mediterránea y tenemos que poner en valor que seamos el segundo país en esperanza de vida después de Japón”.

 

No sólo en las escuelas. En casa tenemos que explicar a nuestros hijos que en comer bien nos va la salud

Consumir producto de proximidad preserva el entorno rural, pero es necesario que el sector se adapte a las necesidades de un consumidor que quiere comer sano pero que le pongan fácil hacerlo. No sólo con respecto a la información sino a cómo nos llega el producto a casa o al supermercado. El reclamo es apostar por los productos de cuarta gama, aquellos que compramos lavados, pelados y cortados y que ganan adeptos. El campo es un sector que ha envejecido y por lo tanto tendrá que reconvertirse ofreciendo este tipo de opciones por propia necesidad. Ahora bien, más allá de la buena voluntad, ¿tiene futuro el mundo rural? Para Josep Sucarrats, el gran reto en agricultura es “hacer fácil el acceso a la gente que no viene de este mundo y quiera dedicarse, porque no hay tierras en alquiler”. Ser emprendedor no es fácil si eres un recién llegado, explica Marc Riera, porque “querer empezar sin base territorial o sin maquinaria pide una inversión muy alta”. Lo más importante es “garantizar que quien quiera ser campesino, o ganadero, o pescador, se pueda ganar la vida”, asegura la consellera Jordà, que celebra el éxito de las Escuelas de Capacitación Agraria que han visto cómo el número de preinscripciones ha superado el de plazas. “La mayoría son gente de Barcelona y los alrededores que quieren hacer de pastor”, asegura.

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